El País de la Piruleta, ese mágico mundo donde todo es alegría, colorido y magia. De existir este mundo, algún juego de los siguientes sería una gran ventana por la que asomarse, aunque no siempre es todo felicidad. También hay entuertos que deshacer.
“Es que vives en el País de la Piruleta”. Cuántas veces habrán oído esta frase los espíritus más soñadores. Hasta sabios como Homer Simpson han hecho referencia a este lugar mitológico. Porque este País de la Piruleta no es un lugar material, como es lógico. Y si existiera, desde luego, sería muy pegajoso y seguramente con colorido de muchos tonos pastel, pero no estaría exento de tener sus problemillas. Algún villano con ansias de poder por aquí, alguien que sufre una maldición por allá
Los videojuegos nos han dado un atisbo de mundos muy parecidos a este País de la Piruleta, y por lo general les ha sentado muy bien, dando algunas grandes joyas de todos los tiempos. Usualmente han sido juegos que se han abonado al género de las plataformas, con una jugabilidad sencilla y adictiva llevada en algunos casos hasta extremos que rozan lo insano, y frecuentemente protagonizados por niños, animales, seres de fábula o cualquier persona o ente capaz de poder darse un atracón con las frutas, caramelos y pasteles con los que habitualmente se nos obsequia. Aunque entre ellos también se pueden encontrar ayudas en forma de armas o potenciadores, pero todo ello bajo un prisma de lo más mono y cuco. Os recomendamos tener una jeringa bien cargada de insulina a mano porque vamos a visitar este mágico y colorido lugar a través de varios videojuegos y ver cuáles son las tribulaciones de los héroes que por allí se encuentran.
Familia no hay más que una
No todo es alegría y bailes cuando los juegos se dejan caer por el País de la Piruleta. Puede suceder que haya que partir a la busca y rescate de algún familiar como sucede en Rodland, un colorido arcade de Jaleco que nos sitúa en una tierra de hadas donde dos niños llamado Tam y Rit se lanzan a superar un buen número de niveles llenos de plataformas con tal de encontrar a su madre, que ha sido encerrada por un demonio. Asunto serio en realidad, pero es que así y todo Rodland es el sumun de lo adorable. No solo por su enorme colorido o porque dichos niveles estén plagados de flores que, una vez recogidas, hagan aparecer otro tipo de criaturas que, derrotadas, nos obsequiarán con una letra de la palabra “Extra”, que nos otorgará una vida adicional. Es que los enemigos en cuestión invitan más al achuchón en según qué casos que a mantener las distancias. Para hacerles frente, Tam y Rit usan sus varitas mágicas para voltearlos a uno y otro lado y dar buena cuenta de ellos, y además poseen la capacidad de crear una escalera de una longitud limitada bien para acceder a otras plataformas o simplemente para quitarse de en medio.
Rodland, sin dejar de tener mucha calidad, no ha sido un juego que marcase escuela especialmente, pero lo cierto es que en nuestro continente, y en especial entre los usuarios de Commodore Amiga, sí que ha tenido su fama. Aunque lo cierto es que no tanta como uno de los juegos monísimos por antonomasia. Y es que hablar de Taito es lo más parecido a hablar de una embajada diplomática del País de la Piruleta en la Tierra, y Bubble Bobble es como una especie de visado especial con el que poder gozar de privilegios absolutos. Una de las máquinas más míticas de la compañía nos convertía en dos niños de nombres Bub y Bob que, a su vez, habían sido convertidos en dragones con la capacidad de disparar burbujas. Y por si fuera poco, sus respectivas novias, así como su señor padre, habían sido secuestrados por el pérfido Super Drunk, que solo le faltó llevarse al gato y al cartero también para terminar de hundirles.
Pero la venganza llega en una de las secuelas de esta famosa recreativa, de las muchas que hubo y que, además, dieron lugar a dos sagas diferenciadas. En el caso de Bubble Bobble 2, o Bubble Symphony en Japón, nos encontramos a los cuatro descendientes, hermanos y primos, de los dos primeros protagonistas que, una vez más, son transformados y transportados lejos de su casa a una sucesión de mazmorras al estilo del juego anterior, pero aún más colorido, con más variedad de enemigos (los cuales son incluso más monos todavía), una banda sonora más orquestal y menos “de videojuego” haciendo honor al título, cameos de otros personajes de Taito no menos achuchables y, sobre todo, la misma adicción de una fórmula tan simple como genial.
Quien tiene un amigo...
... tiene un tesoro. Seguramente por eso algún que otro malote, aunque sea del País de la Piruleta, opte por agenciarse con algunos de ellos quizá tomándolo al pie de la letra, aunque el propósito evidente es chinchar al bueno de turno. Y siguiendo con la empresaTaito hay un par de juegos que ilustran esta práctica tan vil de manera un tanto parecida en esencia aunque no en ejecución.
Primeramente nos desplazamos hasta el zoo de Auckland, Nueva Zelanda, donde tiene lugar The New Zealand Story, la historia de Tiki el kiwi, una especie de ave natural de tierras autralianas, que sale al rescate de sus amigos y congéneres, atrapados por la morsa Wally Walrus para darse un banquete. Montones y montones de plataformas para un juego realmente memorable no solo por su colorido y sus personajes (ositos con gafas de buzo subidos sobre globos con forma de cisme, un listón difícil de superar) sino por el propio diseño no lineal de sus fases en las que debíamos encontrar la jaula del kiwi de turno y con ella la salida haciendo un recorrido por el que nos guiaba una flecha y un minimapa.Puede que el País de la Piruleta tenga su reflejo en un zoo australiano, o simplemente los animales humanizados encajen en su filosofía. El caso es que Taito repitió la jugada en Liquid Kids, aunque esta vez ya no hablábamos de kiwis sino de otro animal a priori menos adorable como es el hipopótamo. Aunque lo cierto es que Hipopo se parece, especialmente por su colorido, más a un ornitorrinco que a uno de estos voluminosos animales, pero lo que lo distingue del resto de la fauna es que es capaz de generar una enorme bola de agua con la que puede atacar a sus enemigos hasta dejarlos inmovilizados para darles el toque de gracia. Igualmente, puede provocar torrentes o hacer que las palas que encuentre en su camino se desplacen a golpe de gota. Todo ello para dar con el resto de hipopótamos, esta vez en manos de un demonio.
Y si pensabais que la casta de Bubble Bobble ya iba bien servida de lo suyo, estabais equivocados. No solo a familiares, e incluso a sí mismos, han tenido que ayudar Bub yBob, sino que también han tenido que salir, esta vez en forma humana y con la capacidad de lanzar arcoíris, en ayuda de sus vecinos en Rainbow Islands. En esta ocasión, el País de la Piruleta se traslada al colorido archipiélago que da nombre al juego y que está a punto de hundirse bajo las aguas, pero para añadir más presión también hay que salvar a sus habitantes, en poder de Dark Shadow, un dragón con el poder de lanzar burbujas como antaño fueron los hermanos y que esconde un cierto secreto. ¿Puede haber algo más festivo que derrotar pequeños monstruos con arcoíris y recoger dulces, frutas, comida, diamantes y otros objetos?
Tu princesa está en otro castillo
Ni el País de la Piruleta se libra del rescate principesco. A su manera, Super Mario Bros., juego con princesa en apuros por excelencia, podría entrar en esta familia de juegos coloridos y azucarados, aunque le faltan algunos hidratos de carbono que poder recoger por el camino. Sin embargo, Nintendo sentó las bases de muchos arcades de plataformas, por no decir la mayoría de ellos, que vieron la luz en las épocas de los 8 y los 16 bits.
Pero el gran rival de Mario también fue un modelo a seguir incluso en el País de la Piruleta. Konami tomó buena nota del Sonic de SEGA y lanzó su propia apuesta según este patrón en Super Nintendo remodelando una de sus licencias para una entrega en forma de arcade. Hasta el momento, Twinbee había sido una franquicia de videojuegos de los llamados de naves, unos shoot’em ups de scroll vertical muy coloridos en los que unas naves con personalidad propia con el nombre de Twinbee y Winbee se enfrentaban a las fuerzas malignas que pretendían eliminar a la Princesa Melora, la regente del destino de todo el universo. Ahora bien, en Pop’n Twinbee: Rainbow Bell Adventure pasamos a un juego de plataformas con desarrollo horizontal, bastante velocidad y sobre todo unas animaciones fabulosas. Además de un diseño de personajes y un colorido que hace subir la glucosa con solo verlos. Twinbee, Winbee y el tercero en discordia, Gwinbee, pueden caer sobre sus enemigos al estilo Mario, lanzarse en propulsión como en Rocket Knight Adventures, echar a correr como Sonic y enfrentarse a guantazo limpio o bien usando armas como un mazo de plástico, una cinta de gimnasia o un sonajero.
El rescate de una princesa es también el tema principal en otra de las recreativas míticas del siglo pasado. Snow Bros, de Toaplan, bebía bastante de Bubble Bobbleen su concepción, pero introducía algo más de colorido y el uso de un instrumento con un comportamiento diferente a las burbujas de éste. Aunque también podían servir para hacer las veces de plataformas, las bolas de nieve en las que los hermanos Nick y Tom convertían a los monstruos que poblaban las fases permanecían en el sitio hasta que las pateasen, arrollando con ello todo lo que hubiera por el camino y generando potenciadores o comida algo más sana que en el resto de juegos comentados. EnSnow Bros el menú se compone de sushi, un platillo rico aunque no se trate de los apetitosos pasteles que pueden encontrarse por doquier en el País de la Piruleta. Nick y Tom, por cierto, también eran seres humanos, príncipes para más señas, que habían sido transformados en muñecos de nieve, y también volverían en una segunda parte con cuatro personajes a elegir.
El ninja de la piruleta
Los juegos anteriormente mencionados, todos ellos coloridos y alegres, bien servidos de dulces, de seres redondeados y apariencia inofensiva, de plataformas y de saltos son dignos exponentes de este mágico pero inexistente lugar donde todo es dulzón y festivo. Pero si existe un lugar digno de ser considerado como el País de la Piruleta, ese es sin duda el primer nivel de Zool, juego de Gremlin Graphics que se publicó paraCommodore Amiga en 1992 y que posteriormente llegó al PC y a las consolas de 16 bits como otro videojuego “a la Sonic” en donde la velocidad tenía buena parte del protagonismo. Pero es que realmente veíamos piruletas por todas formas. De Chupa Chups, concretamente, marca que prestaba su logo a Gremlin y que era mostrada sin disimulo a lo largo de una fase poblada por infinidad de gominolas y dulces, incluso entre los propios enemigos.
La pesadilla de un diabético es lo que es esta primera zona de Zool. Donuts con patas que escupen a su vez dulces, gominolas de colores, bastones de caramelo, bombones, regalices y toda una parafernalia con la que cualquiera diría que estamos ante un juego protagonizado por el Ninja de la Dimensión N como rezaba su subtítulo. Pero realmente Zool era un juego divertido, si bien un poco mareante, ya que en su afán por reproducir la velocidad de Sonic, el scroll sufría de una cierta brusquedad al acelerarse muy repentinamente.
Termina por esta vez nuestra pequeña excursión al País de la Piruleta, una región que no por ser ficticia ha estado excluída del mundo del videojuego. Y es que si hay juegos que merecen llevar por bandera esta inexistente nación son los que acabamos de revisar, además de otros que se quedan en el tintero y que también aportan su ración de colorido, magia, alegría y cosas bonitas. Así que si alguna vez os nombran el País de la Piruleta, con estos videojuegos ya será un poco como si hubiéráis dado un paseo por allí.






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