Llega el esperado estreno de Divergente, la que para muchos fans es algo así como la hermana pequeña de Los Juegos del Hambre. Neil Burger (El ilusionista) ha sido el encargado de llevar a la pantalla la primera entrega de la saga literaria de Veronica Roth, un auténtico fenómeno adolescente que arrastra a los lectores que devoraronCrepúsculo y la ya mencionada saga de Suzanne Collins.
¿Realmente se parecen tanto ambas sagas? Mientras el público se posiciona a favor de una y otra, en IGN hemos seleccionado un puñado de 20 películas protagonizadas por jóvenes -casi siempre adolescentes- que, como en Divergente, están disconformes con el mundo y lo pagan con los demás. Historias en las que ellos y ellas tienen la última palabra. ¿Cuál es tu grito de furia cinematográfico preferido?
Divergente (2014)
La primera adaptación de la saga de Veronica Roth plantea un futuro distópico en el que la sociedad otorga un rol determinado a cada ciudadano. Los adolescentes deben elegir su casta preferida (Osadía, Abnegación, Cordialidad, Erudición y Verdad) en el marco de un rito de paso que será determinante para sus vidas. Tris (Shailene Woodley) se revela ante esta situación y pone en jaque al sistema cuando se revela como una "divergente", una individua con trazas psicológicas de las cinco castas. La lucha entre amigos y hermanos está servida.
Los Juegos del Hambre (2012)
La franquicia inspirada en los libros de Suzanne Collins tomó el relevo a Crepúsculo como saga favorita de la muchachada. La acción transcurre en una América fascista cuyo gobierno organiza anualmente una suerte de Olimpiadas de la muerte entre chavales de los distintos distritos que componen el estado. Obligados a matarse unos a otros, los chicos se juegan la piel en escenarios de realidad aumentada donde no hay más amigos que uno mismo y su instinto de supervivencia. En noviembre de este año llega la primera parte de la tercera entrega.
Battle Royale (2000)
Un veterano Kinji Fukasaku sorprendió a propios y extraños con esta incendiaria cinta que adapta una novela de Koushun Takami. Tan violenta como absurdamente divertida, Battle Royale sitúa a un grupo de alumnos de un colegio en una isla perdida de la mano de dios donde son obligados a matarse entre ellos. Amigos contra amigos, lealtades traicionadas, novias que se revelan asesinas en serie... La historia, más allá de su naturaleza provocadora, es un lúcido análisis del instinto asesino del ser humano. Las secuelas no tienen desperdicio.
Kick Ass (2010)
El cómic homónimo de Mark Millar y John Romita Jr. inspiró una de las películas más salvajes y políticamente incorrectas que han salido de Hollywood en años. Muchos chavales sueñan con ser superhéroes, ¿no? Pues bien, Kick Ass cumple esa aspiración con resultados sangrientos y nada complacientes en una espiral de gamberrismo que regala escenas genuinamente gores. La secuela, bien es cierto que con menos medios, no raya a la altura de su predecesora. Hay pendiente un spin-off sobre Hit Girl que ahora mismo está congelado.
El juego de Ender (2013)
Otra novela, en este caso de Orson Scott Card, es la base sobre la que se apoya esta infravalorada cinta de ciencia-ficción protagonizada por Asa Butterfield y Harrison Ford. En el futuro, la humanidad emplea a niños soldado en una guerra sin cuartel contra una raza de alienígenas que supuestamente quieren destruir la Tierra. Los chavales, divididos en comandos, son entrenados en un campo gravitatorio donde desarrollan tácticas reales de combate. Algunos la tachan de fascista, cuando en realidad es una metáfora envenenada sobre la educación en conductas.
Amanecer rojo (1984)
Después de la magistral Conan el bárbaro, John Milius sacó a pasear su lado más beligerante y militarista en esta cinta que fabula sobre las consecuencias de una supuesta invasión cubano-soviética de EE. UU. Patrick Swayze lidera a los Wolverines, un grupo de adolescentes que plantan cara a los "malvados" comunistas desarrollando una pertinaz guerra de guerrillas. Hace un par de años se realizó un desgraciado remake protagonizado por Chris Hemsworth y Josh Hutcherson. Ojo a las pintas.
Rebeldes (1983)
Francis Ford Coppola tiene en su haber dos cintas generacionales que orbitan alrededor de chavales peleados con el mundo y, claro, con otros chavales. Rebeldes parte de una novela de S.E. Hinton para retratar la rivalidad entre dos bandas que no pueden verse ni en pintura tras la trágica muerte de un miembro de una de las pandillas.Tom Cruise, Patrick Swayze, Rob Lowe, Emilio Estevez y Matt Dillon se destetaron como protagonistas de un film que actualizada los moldes de clásicos como Rebelde sin causa o American Graffiti.
La ley de la calle (1983)
La segunda, y enorme, cinta del maestro Coppola sobre chavales problemáticos salió igualmente de la pluma del escritor y guionista S.E. Hinton. De nuevo Matt Dillon, esta vez acompañado de Mickey Rourke, Nicolas Cage y Chris Penn, son los protagonistas de una película visualmente deslumbrante que retrata el día a día de dos bandas condenadas a pelearse en cada rincón de la ciudad. La desesperanza, la sombra del paro, la exclusión social y la infancia interrumpida actúan como furiosos motores de unos chicos que solo quieren una oportunidad.
Arma joven (1988)
El hoy olvidado Christopher Cain dirigió una de las perlas más memorables de la década de los ochenta. Emilio Estevez, Kiefer Sutherland, Lou Diamond Phillips, Charlie Sheen y Dermot Mulroney dan vida a una banda de imberbes forajidos que buscan al tipejo que asesinó al hombre que los cuidó de críos. En guerra contra el mundo, nuestros protagonistas entierran su adolescencia y se entregan al placer de las pistolas. Llama la atención el hecho de que Emilio Estevez interpreta a un joven Billy el Niño, personaje a quien de algún modo redime el guion.
Taps, más allá del honor (1981)
Las academias militares se prestan a toda clase de juegos y lecturas sociológicas. Que se lo pregunten si no a unos pimpollos Tom Cruise, Timothy Hutton y Sean Penn,protagonistas de esta historia en la que unos cadetes se amotinan para salvar el futuro de la institución militar en la que se han formado. A los chavales no les tiembla la mano a la hora de armarse hasta los dientes y desafiar a sus mayores, avergonzados de la lección moral que le dan sus discípulos. Vale, es un poco facha.
El señor de las moscas (1963)
Bajamos el listón de la edad hasta la preadolescencia, pero por una buena causa. El señor de las moscas, obra maestra de William Golding, ha inspirado dos versiones cinematográficas que relatan, como pocas ficciones, la crueldad de los niños que quieren ser mayores antes de tiempo. Un naufragio arroja a un grupo de chavales a una isla desierta. Solos y enfrentados a sus miedos, los críos se dividen en dos facciones que acaban diciéndose de todo menos bonito. Nos quedamos con la primera versión, de 1963, firmada por el dramaturgo Peter Brook.
Death Note (2006)
El manga y el anime se nutren principalmente de historias sobre adolescentes en busca de su lugar en el mundo. Hay decenas de ejemplos, pero en IGN sentimos debilidad por la serie Death Note, escrita por Tsugumi Oba y dibujada por Takeshi Obata. La historia aborda la encarnizada rivalidad entre dos adolescentes tan tarados como inteligentes: Light Yagami, que emplea un cuaderno mágico para matar a quien le viene en gana, y L, el detective encargado de localizarle y detenerle. Recomendables las adaptaciones al cine de acción real y la serie televisiva.
Evangelion (1995)
Otra debilidad. Hideaki Anno dirigió hace casi 20 años una de las obras mayores del anime. Ambientada en el futuro, la historia cuenta la lucha entre la humanidad y unas criaturas llamadas ángeles que aparecen de tanto en tanto para destruir la tierra. La última línea de defensa la componen unos robots mecanizados pilotados por unos adolescentes bastante perturbados entre los que destacan Sinji Ikari, Rei Ayanami y Asuka Langley. ¿Alguien dijo Pacific Rim? Merece la pena tanto la serie original como la saga de películas que amplían la historia.
Crows Zero (2007)
Seguimos en Japón para hablar de otra saga imprescindible, en esta ocasión con el sello del gran Takashi Miike, que adapta sin complejos el manga homónimo de Hiroshi Takahashi. A medio camino entre Romeo y Julieta, West Side Story y Los amos de la calle, Crows Zero relata los brutales combates entre las bandas que asisten a la escuela más violenta y acomplejada del país. Ríos de gomina, canciones pop, mucho postureo y modelitos imposibles trufan de estilo una franquicia que alcanza momentos de gozoso delirio.
La naranja mecánica (1971)
En su obsesión por tocar todos los palos posibles, Stanley Kubrick abordó el lado más oscuro de la tardoadolescencia con una obra que en su momento causó gran escándalo en todo el mundo. A partir de una novela de Anthony Burguess, el realizador norteamericano nos enfrenta a las correrías de la banda de Alex, un joven poseído por la violencia y las drogas que lleva demasiado lejos su desafío a las autoridades. Pocas veces se ha filmado con tanta crueldad y mala leche el desfase de una juventud huérfana de referentes morales a causa de un sistema piramidal.
Romper Stomper (1992)
El tipo de la foto no es Karim Benzema, sino Russell Crowe antes de convertirse en una superestrella, en la cinta con la que se dio a conocer en Australia. Máximo Décimo Meridio se mete en la piel de un skinhead que le hace la vida imposible a los ciudadanos vietnamitas que respiran su mismo aire. Hando, su personaje, y el resto de colegas que comparten sus ideas cometen toda clase de tropelías y actos vandálicos para ocultar su profundo fracaso como seres humanos y el de una sociedad que alimenta el odio y la xenofobia.
Los chicos del barrio (1991)
Los Ángeles es la cuna de Hollywood, el glamour y las estrellas, pero también de algunos de los peores y más peligrosos guetos de EE. UU. John Singleton alcanzó la gloria con esta cinta que relata las duras condiciones sociales y económicas en las que se desarrolla la vida en estos barrios para los miembros de la comunidad afroamericana.Ice Cube y Cuba Gooding Jr. son las caras visibles de unos pandilleros que se encuentra en la difícil disyuntiva de elegir uno u otro lado de la ley. Ha envejecido mal, pero su mensaje es plenamente vigente.
Calles de fuego (1984)
Walter Hill, amante confeso del western, trasladó los cánones del salvaje Oeste a una ciudad sin ley de aire retro donde una banda de moteros liderada por un alocado Willem Dafoe secuestra a la cantante de moda (Diane Lane). Entonces irrumpe Tom Cody (Michael Paré), un buscavidas guaperas y más chulo que un ocho, antiguo ligue de la estrella musical raptada, que hará todo lo posible por rescatar a su chica. Peleas de bandas, una BSO de culto y toneladas de rebeldía alimentan una película que grita en alto: ¡yo contra el mundo!
Ciudad de dios (2003)
Fernando Meirelles y Kátia Lund dirigieron la película más importante del cine brasileño contemporáneo. Una bofetada al sistema económico, político y social del país más rico de América Latina, a cuenta de la historia de dos muchachos que crecen entre la violencia y la exclusión de las fabelas cariocas. Mientras uno se convierte en fotógrafo de prensa, el otro escala los peldaños del crimen hasta consolidarse como uno de los traficantes de droga más potentes de la ciudad. Nunca nos ha dado más miedo un niño con una pistola.
Los amos de la noche (1979)
Acabamos (o empezamos, según se mire) con una de las películas de culto más mitificadas de la historia. Walter Hill elevó a los altares la novela homónima de Sol Yurick que relata la historia de los Warriors, una pandilla de Nueva York que debe volver a su barrio atravesando los distritos dominados por otras bandas. Swan (Michael Beck) y los suyos hacen frente a toda clase de pandillas que les sales al frente, convencidas de que son los responsables del asesinato del gran gurú pandillero de la ciudad. ¿Quién no ha querido sentirse alguna vez el rey de la ciudad?






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