sido volver a una época más feliz de los videojuegos, una en la que mis juegos favoritos, los JRPG, todavía estaba en plena forma. Soy consciente de que no es que el género haya cambiado demasiado (quizá ahí puede estar problema), sino que probablemente he sido yo el que lo ha hecho, pero ha sido realmente satisfactorio poder retomar este clásico del roljaponés sin necesidad de desempolvar mi PS2 y recordar el juego con el que prácticamente la estrené.
Puede que Final Fantasy X sea el último gran clásico de la saga ya que después, cuando Squaresoft se convirtió en Square Enix, se metió en una deriva cada vez más errática. De hecho, en Final Fantasy X/X-2 Remaster podemos ver la excelencia y la caída en un solo disco, ya que junto a Final Fantasy X también tenemos Final Fantasy X-2, un título que sin ser malo, sí fue redundante e innecesario en su momento, siendo además la primera continuación directa de un Final Fantasy. Para aclararnos: Final Fantasy X es un juegazo como la copa de un pino y Final Fantasy X-2 sabe a poco, aún hoy.
Final Fantasy X: el útimo gran Final Fantasy
Final Fantasy X fue el último juego de Hironobu Sakaguchi en la compañía que vio cómo creaba esta saga cuando Squaresoft estaba moribunda. Después, cogió sus bártulos y se fue, pero dejó un último tesoro para todos los aficionados de los JRPG. Había que comprender que en aquella época el que un JRPG viniera con todos (o casi) los diálogos doblados era un hito. La escala de ese juego, además, superaba todo lo establecido, ya que se consiguieron maravillas de PS2, creando un mundo lleno de coherencia, vida, colores alegres y con una belleza estética que aún hoy asombra.
Todo esto ha sido trasladado a PS3 y PS Vita con total fidelidad, pero adaptándolo a las HD. En Final Fantasy X/X-2 Remaster no se han limitado a cambiar la resolución, sino que se ha buscado que no cante demasiado. El resultado es un juego que es obvio que no puede competir técnicamente con lo que se hace hoy en día, pero que conserva toda su fuerza y atractivo, lo que ya es decir muchísimo, ya que estamos ante uno de los Final Fantasy más bellos. Especialmente bien lucen las invocaciones, que aquí dieron un salto cualitativo de diseño, ya que se convirtieron en personajes jugables y no meras “supermagias”, y los escenarios, que vuelven a transmitir la fuerza del mundo de Spira. También sería correcto decir que Square Enix tenía muy claro qué juego era el más importante de este dúo, ya que la adaptación Final Fantasy Xes más completa y está mejor ejecutada que la de su secuela, aunque en contenidos no añada nada nuevo.
Y es que pese a que se anuncie que nos viene una edición mejorada, resulta que en Europa ya nos llegó la misma en su momento, con la inclusión de un mejor panel de esferas para desarrollar los personajes y la introducción de los eones oscuros (una dura misión secundaria), por lo que la única novedad que nos encontraremos en este clásico será la posibilidad de jugarlo en PS3 y de poder compartir la partida guardadacon la versión de PS Vita. Bueno, miento, ya que sí que está incluida Eternal Calm, una película que hace las veces de interludio para las dos partes y que tiene un valor puramente argumental.
Por lo demás, está todo como lo recordarán los aficionados. Tidus, el joven jugador de blitzball, hijo del legendario Jetch, ve cómo su vida truncada cuando un enorme monstruo llamado Sinh destruye Zanarkand, su futurista ciudad natal. Allí se ve transportado a otro tiempo, mil años en el futuro, en donde Sinh es una plaga periódica y hay personas, llamadas invocadores, que hacen peregrinajes en busca del poder para derrotarlo de forma temporal y conceder al mundo de Spira una paz momentánea.
Se suceden entonces los típicos encuentros con adorables personajes, a destacar especialmente a Yuna, la co-protagonista del juego, que vive una relación sentimental con Tidus y que pone la nota sensible que todo Final Fantasy como es debido debe tener. Pero el resto de personajes no se quedan atrás y ha sido una verdadera delicia volver a manejar al buenazo de Wakka, a la fría Lulu, a la pizpireta Rikku, al estoico Kimari y al siempre imperturbable Auron. Somos capaces incluso de olvidar los pasos atrás que significó este juego para Final Fantasy, sobre todo cuando hablamos de los cambios de exploración de mundo abierto a un desarrollo mucho más lineal, pero porque todo está hecho con un gusto exquisito.
Pese a los años que han pasado, Final Fantasy X sigue siendo uno de los mejores trabajos de Square Enix y, sin duda, el mejor Final Fantasy de PS2. Sigue teniendo ese aura mágica, ese toque épico que esta compañía sabía imprimir en todos sus títulos y es, definitivamente, una gozada poder retomarlo unos cuantos años más tarde, adaptado paraPS3 y PS Vita. No se puede negar que tiene su encanto seguir la partida en la parada del autobús o en el metro.Sí que destacan los pequeños cambios en el apartado sonoro que se han introducido. Están todas las piezas que los aficionados recordarán, desde “Zanarkand” pasando por “Yuna’s Decision” hasta la archiconocida “Suteki na De”, el tema vocal que marca el punto emotivo y dramático de las cinemáticas, que no han perdido un ápice de su fuerza. Sin embargo, ha habido pequeños ajustes, ligeros cambios que a oídos profanos puede que no se noten, pero si el que juega fue de los que se machacó varias veces el original, lo notará. Eso sí, el trabajo ha intentado ser lo más fiel posible al trabajo original y no desentona, aunque sí llama la atención.
Segundas partes nunca fueron buenas
Si Final Fantasy X fue un gran juego, divertido, apasionante y precioso, su secuela, Final Fantasy X-2 es de todo menos inspirado. Realmente, está en este recopilatorio precisamente por dar continuidad, como extra para no ofrecer únicamente la primera parte. Es un detalle, por lo menos, aunque el juego en sí esté a años luz de su predecesor en absolutamente todos los apartados, tanto en el original como en la adaptación.
Hasta la misma Square Enix parece admitir que el pato fuerte de esta adaptación era Final Fantasy X ya que X-2, aunque sí luce bien y se ha hecho un buen trabajo, no es brillante, no tiene tanto trabajo detrás. Aquí sí que estamos prácticamente ante un port en HD, sin tanto cuidado en que todo sea tan redondo. Pero hay sorpresas agradables, ya que esta versión que nos llega sí que tiene contenido adicional que nunca se llegó a ver en Europa, sólo en Japón. Se trata de The Last Mission, el epílogo del juego, una nueva mazmorra de enorme extensión y que completa algunos huecos argumentales que quedaban sueltos después de que las Yuripa vieran aparecer el cartelito de “Final”.
Pero la sensación general es que estamos ante un juego menor que ha servido para completar la oferta de este combo. La historia no es ni mucho menos tan interesante (no vamos a destriparla, por si acaso) y el tono general del juego es de perfil más bajo. El sistema de combate sí que es más interesante, más centrado en la acción y no tan dependiente de los turnos como su predecesor inmediato. Es el juego que terminó de sentar las bases en lo que se ha convertido la saga a día de hoy, más floja en todos los sentidos.
Y es que Final Fantasy X-2 fue el juego que marcó el declive de Final Fantasy. A partir de él la saga comenzó una deriva que no ha sido bien acogida por los aficionados, por lo menos los occidentales, que han perdido bastante la fe en ella. El hecho de que con Final Fantasy XIII Square Enix haya seguido el mismo camino, con segundas y terceras partes que buscaban aprovechar el tirón de la primera, nos hace ver que los problemas comenzaron con este título, que marcó el comienzo de la explotación masiva de la saga, en la pérdida de ciertos principios y en el maniqueísmo extremo de su planteamiento.
Así pues, en Final Fantasy X-2 hay linealidad, personajes poco atractivos (de hecho, se podría decir que se carga a muchos de los de la primera parte), los primeros intentos por alejar la saga de los turnos y los combates aleatorios, el aumento de relevancia de los personajes femeninos muy estereotipados, que acabó por culminar en el XIII con el personaje de Lightning; y la sensación de que se trata de un juego completamente accesorio, que podríamos haber pasado perfectamente bien sin él. O al menos que Final Fantasy X no lo necesitaba en absoluto.
Eso sí, no es un juego malo en sí. El combate tiene su puntillo y, si podemos abstraernos del aroma a J-Pop que impregna todo (la introducción puede persuadirnos de seguir jugando), seremos capaces de disfrutar de la recuperación de los trabajos, del ritmo más dinámico e incluso nos llegaremos a picar para conseguir todos los finales, especialmente el último, que marca un punto y final en la saga y sin posibilidad de un Final Fantasy X-3: Yuna Returns.






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