11 mar 2014

DARK SOULS 2 ANÁLISIS

el grado de oscuridad, malditismo y, sobre todo, calidad de sus dos magníficos predecesores. From Software sabe que su buque insignia no puede ni debe fallar en todo aquello que encumbró a la saga Souls a lo más alto de la pirámide lúdica, y por eso pretende evolucionar, solo en lo estrictamente necesario, esa perfecta arquitectura de lo imposible en la que uno mira al abismo y se ve reflejado en él.
Todo comienza con una impactante intro de casi cuatro minutos de duración que te helará la sangre por su tremenda calidad técnica y por el oscuro magnetismo de sus imágenes. Presta atención porque ahí descubrirás todo lo que te hace falta saber, a modo argumental, de Dark Souls IIUna vez más estás maldito, tu realidad se ha evaporado. Toca sumergirse en lo innombrable y visitar Drangleic, el nuevo mundo exánime de la saga; quizá así recuperes tu vida y posiblemente consigas alguna meta mayor.
Una vez repuesto del shock inicial, tus huesos irán a para a Altar Encantado, un enclave tan decadente y carente de vida como tu propio cuerpo. A lo lejos se divisa una gran grieta de luz, el sol intenta abrirse camino entre las inmensas rocas. Siempre es conveniente ir hacia la luz. Además solo te acompaña el eco lejano de una tormenta, no hay enemigos, bueno sí, pero no muestran ningún interés hacia ti. Por lo menos el comienzo ha sido fácil, así que evita el camino de tu izquierda más adelante y visita a las Guardianas del fuego. Ahí conocerás un poco más de lo que te espera, recordarás tu nombre, serás humano de nuevo, y podrás elegir clase entre ocho disponibles -guerrero, caballero, espadachín, bandido, clérigo, hechicero, explorador o marginado-, que más tarde podrás desarrollar a tu gusto e incluso reasignar puntos desde cero gracias a un escaso objeto llamado Vasija del alma. Y ya de paso, aprovecha para definir tus rasgos mediante un editor muy similar al del anterior Dark Souls.
dark souls 2 ps3 360
Ahora es cuando comienza verdaderamente Dark Souls II, con su primera hoguera, tu primera antorcha y los primeros miedos. El primer escenario servirá como tutorial, recordándote, si es que lo habías olvidado, el lote completo de movimientos de tu personaje, prácticamente idéntico al de primera entrega, pero engalanado en esta ocasión con animaciones mejoradas y una implementación del vestuario y su física realmente espectacular -el efecto del viento sobre las capas es alucinante-. Gracias al perfecto control del protagonista en pocos minutos habrás recorrido este paraje arbóreo y acabado con sus débiles enemigos -huye de los cíclopes de momento-, así que aprovecha para encender unas cuantas antorchas fijas que servirán para alegrar estos lares y de paso saber por dónde has pasado. Esto podrás hacerlo durante todo el desarrollo del juego y logra dotar de calidez y sensación de “territorio dominado” allá por donde enciendas fuego. Un gran detalle de From Software para obsequiarte con un hálito de cálido optimismo.

Majula, un rayo de esperanza

Todavía busco palabras, y no las encuentro, para describir la tremenda paz y quietud que transmite Majula. Nada más acabar el tutorial y tras cruzar una pequeña estructura cavernaria, el sol dañará tus ojos más que en cualquier otro título de la saga Souls. Una extensa zona bañada por la luz solar, rodeada por un gran océano, denso como el aceite, y grandes acantilados, en la que se respira calma -también decadencia y desesperanza-, se percibe el viento azotando la vegetación, y además sirve de centro neurálgico para nuestras incursiones en el reino de Drangleic de Dark Souls II.
En Majula encontrarás a tu mejor aliado, la bella -al menos eso parece- Heraldo de Esmeralda. Gracias a ella podrás subir de nivel y mejorar el frasco de Estus, y de paso te recordará aquellas mágicas visitas al Nexo del Demon’s Souls donde también mejorabas tu nivel ayudados por la Dama de negro. También malviven en esta zona un mercader, un guerrero alicaído, una inquietante gata parlante, un herrero quejumbroso y, más adelante, se irán incorporando otros personajes: un cartógrafo, un mago, una piromante… Un escenario exento de grandes peligros con todos los servicios posibles para que el protagonista pueda evolucionar adecuadamente.

Exploración masiva

Después de curiosear por Majula, tendrás cuatro opciones, te aconsejo este orden, para seguir explorando Drangleic: Bosque de los Gigantes caídos, Torre de la Llama de Heide, un pozo demasiado profundo inicialmente -adquiere ese costoso anillo y todo será más fácil- y una ruta cortada, de momento, hacia Bosques sombríos. Porque el término explorar, es junto a muerte, victoria, descubrimiento y paciencia, el que mejor define lo que anida en el alma oscura de Dark Souls II. From Software ha nacido para crear mundos abruptos e insondables, y los altibajos de su vasta orografía modificarán de igual manera tu biorritmo. Al contar con una mayor extensión de mapeado que su antecesor, las transiciones -a pie- entre enclaves es mucho más lógica, evolutiva, extensa y realista. Te dará la auténtica sensación de estar inmerso en su ingrato mundo.Cada escenario tiene su propia alma y su propia esencia. Su propia maldición. Afortunadamente, cada nueva hoguera que descubras te permitirá saltar de un escenario a otro cómodamente, eso sí, regenerando enemigos. Casi una treintena de emplazamientos, tremendamente variados, de una sordidez y atención al detalle que parecen sacados de nuestras peores pesadillas no recordadas, esas que el cerebro evita recordar. Solo mencionar el nombre de algunos de ellos os debería producir escalofríos, incluso sin conocerlos: el Muelle de nadie -una gradería de la sinrazón con barco fantasma incluido-, Fortaleza perdida, Loma de los pecadores, Ensenada Piedra brillante Tseldora, Sepultura de santos, Alcantarilla, Desfiladero negro… Una soberbia colección de aberraciones paisajísticas que te obligará a andar con pies de plomo y avanzar con mucha cautela. Por cierto, los escenarios que protagonizaron la beta cerrada, harán acto de presencia bien avanzado el juego, otro detalle curioso de From Software.

Enemigos de lo ajeno

Los creativos y grafistas de la saga Souls pueden estar orgullosos de su obra. Es cierto que después de haber triturado Dark Souls, es difícil que algo en materia antagonista te sorprenda excesivamente, pero hay que reconocer que se han exprimido las neuronas de nuevo y nos obsequian con un bestiario inmenso, variado y dotado de una IA bastante mejorada que les permite atacar en grupo de forma inteligente, no precipitarse al vacío alegremente y aprender de nuestras rutinarias embestidas. También han mejorado mucho en detalle y animaciones.
Los hay de todos los colores y sabores, pequeñitos como las tres mini bestezuelas de Majula, normales, medianos pero majestuosos -los guardianes de la Torre de la Llama de Heide por ejemplo-, gigantes pasivos que solo aparecen una vez y no dan mucho la lata y gigantes muy activos que conforman la columna vertebral del delicioso tormento al que te somete Dark Souls II, los final bosses. El primero con el que te toparás será el Último gigante, que acongoja nada más verle, como casi todos los enemigos importantes, pero que será batido rápidamente y te proporcionará esas tres satisfacciones tan primarias y descongestionantes: la personal del logro conseguido con tesón y paciencia, la de observar orgullosos la palabra “victoria” en pantalla y, por último, obtener esa cantidad ingente de almas para tu uso y disfrute a la hora de subir nivel y potenciar al personaje. Después llegarán otros engendros de gran calibre de nombres tan sonoros como el Centinela flexible, el Perseguidor, el Podrido, la Pecadora perdida, Najka la Escorpión… y más centinelas, una horda de ratas, magos, gárgolas que traerán ingratos recuerdos o el dragonazo de turno, que también se sumarán a este baile de muerte e incomprensión. Nada que se le resista, con mucha paciencia y estudiados patrones de ataque, al optimizado y más consistente sistema de combate.
dark souls 2

Alardes técnicos de vieja generación

From Software ha exprimido a conciencia los ya sofocados corazones dePlayStation 3 y Xbox 360 con un motor gráfico que no escatima esfuerzos en dibujar allá donde alcanza el ojo digital, contar con unos efectos de iluminación más propios de la nueva generación o vestir con texturas de una resolución muy decente su entramado vectorial. El fuego y el agua también se muestran con más soltura en esta entrega, así como la recreación de detalles en las armaduras. Todo ello acompañado de una tasa de trames acogedoramente fluida y bastante estable en todo momento. En el plano audio, el contraste entre entorno silente y banda sonora es impecable, gestionando a la perfección esos instantes en los que prefieres sentirte rodeado por atmosféricos efectos de sonidos y esos otros en los que necesitas una composición -el maestro Sakuraba vuelve a estar a la altura exigida- que aletargue tus sentidos o los exacerbe durante un duelo contra un final boss. Jugar con cascos es obligatorio y pocos juegos generan la ansiedad sonora de Dark Souls II, un auténtico sudario auditivo que te oprime el alma.
Los pequeños grandes cambios respecto a la jugabilidad y contenidotambién han añadido su aportación evolutiva a Dark Souls II. Hay muchos más personajes secundarios con los que comunicarse y convivir; las gemas de vida dejan recargar energía en movimiento -se agotan rápidamente-; se puede ver a nuestro personaje en la pantalla de equipo; los enemigos van desapareciendo de los escenarios a medida que vamos sucumbiendo o eliminándolos repetidas veces, obligándote a buscar almas en otras zona o utilizando cierto objeto para regenerarlos con mayor dificultad; cada vez que seamos eliminados perderemos un poco de barra de vida hasta llegar al cincuenta por ciento; la posibilidad de encender antorchas permanentes en todo Drangleic y, como colofón, poder equipar hasta cuatro anillos en vez de dos. Aportaciones casi todas realmente acertadas -quizá la desaparición de enemigos te deja frío en un primer momento- que hacen que su desarrollo sea un poco más amable, fluido y natural, y te permita centrarte en las verdaderas dificultadas, que son muchas y muy variadas.
from software muerte online
El apartado on-line, otro de los puntos fuertes de Dark Souls II, no ha podido ser disfrutado en su totalidad durante el análisis. Aspectos básicos como fantasmas de jugadores, mensajes escritos en el terreno o las manchas de sangre funcionaban correctamente pero las invocaciones, el juego cooperativo, versus o de alianzas no se ha podido probar con solvencia. Cuando esté totalmente activo os contaremos nuestra opinión. Tampoco hay que olvidarse de las invasiones off-line en los momentos menos apropiados.

Sensaciones oscuras del alma

Enfrentarse a Dark Souls II es una auténtica epifanía celestial, en su vertiente más oscura por supuesto. El grado de exploración e intimísimo al que somete al jugador le convierte en un juego sin género ni parangón. Vale, se trata de un action RPG, pero es tan sobresaliente, único y envolvente que es absolutamente inclasificable. Te abandona solo y desvalido en un mundo indefinido, pasional e histérico, en el que solo se respira muerte, más bien muertes, cientos y miles de formas de morir. Cada vez que se abre una nueva zona ante ti te frotas las manos, pero sabes que te esperan horrores de todo tipo.
Sensaciones como contemplar Majula por primera vez, o la observación del cielo de la Torre de la Llama de Heide, estrellado a plena luz del día son inenarrables. La magnífica decadencia de un reino antaño floreciente convertido en miseria y ruina. Escenarios mega opresivos como Alcantarilla que estarás deseando completar para no volver jamás, urnas que te lanzan veneno, vasijas gigantes que lanzan suspiros y risotadas humanas acompañados de gases letales, criaturas explosivas que se lanzan contra ti en una zona anegada en la que apenas puedes correr, la insoportable niebla de Bosques sombríos… Dark Souls II genera muchas sensaciones indescriptibles y sabe compensar tu paciencia. Cuando parece que todo está perdido y no puedes avanzar, encuentras una escalera que se te había pasado, o una piedra de Pharros que habilita una habitación secreta, o jaulas colgantes que suben y bajan, o una llave que te permite abrir determinadas puertas. Sabe cómo recompensar tu tesón, como si estuviera mirándote por encima del hombro mientras surcas Drangleic y te ayudase en los momentos de auténtica pérdida de fe.
VEREDICTO
Así es Dark Souls II, otra obra de arte imperecedera, tan sobresaliente, extensa -entre 70 y 80 horas en tu primera partida si quieres disfrutarlo como merece- y única como el resto de entregas de la saga, que además sabe mejorar según se acerca al final del juego. Tan difícil y puñetero como sus antecesores, incluso con las nuevas incorporaciones jugables, pero con ese grado de evolución justo y necesario para que siga mostrándose como un pura sangre, nunca mejor dicho, y no pierda ese nivel de exigencia que le aleja de mercados y apetencias más populares y costumbristas. From Software lo ha vuelto a hacer, dar un paso más hacia lo insuperable y alcanzar un nivel técnico que le pone en muy buen rumbo hacia la nueva generación. Y todavía queda disfrutar con los modos on-line. Tenemos Dark Souls II para meses.

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